lunes, marzo 06, 2006

El Sabio J.Marías

Las situaciones de conflicto que tienen peor arreglo, con amigos o con conocidos, son aquellas en las que llegamos pronto a una conclusión desesperante, y nos decimos del ofensor, o del grosero, o del abusón, o del iracundo, o del jeta: “Es que ni siquiera se da cuenta”. Esos personajes tienen tan interiorizados su complejo de superioridad (más bien de inferioridad), o su mala educación, o su creencia de que todo les es debido, o su irascibilidad, o su propensión a exigir, que ni siquiera se dan cuenta de que han cometido un agravio. Así, el agraviado espera pacientemente una rectificación o unas disculpas, pero nunca las recibe, porque el otro está tan pagado de sí y se ve a sí mismo tan poco, que es incluso capaz de actuar como si nada hubiera ocurrido y de mosquearse si nota frialdad o una actitud esquiva en quien padeció su afrenta o su arrebato de cólera o sus imperdonables impertinencias. A éste se le ofrecen tres opciones: puede quejarse del exabrupto o desconsideración e intentar aclarar las cosas, pero si ya ha llegado a la conclusión mencionada, poco puede esperar de eso, pues lo más probable es que el ofensor se ofenda y en modo alguno admita su falta, y aun que la redoble en vez de dar explicaciones; la segunda posibilidad, y quizá la más frecuente, es aguantarse, dejarlo correr y fingir que no hubo agravio (esto sucede sobre todo cuando hay amistad o parentesco por medio), pero de esa solución tampoco es esperable nada, pues antes o después llevará a buen seguro a un nuevo episodio de lo mismo, y el contemporizador volverá a encontrarse en la encrucijada; la tercera, por último, es dar por imposible a quien ni siquiera se da cuenta, y apartarse de él rápidamente y para siempre.
Todos nos hemos visto más de una vez en situaciones de este tipo, en la vida personal de cada uno. A menudo resulta delicado hacerle ver a quien no está nunca dispuesto a ver fallos propios; señalarle a alguien lo disparatado o erróneo o injusto de sus argumentos; afear una conducta de la que su responsable ni es consciente. Y uno calla y traga por prudencia, exponiéndose a más amargos sorbos, o bien se aleja.
(El País Semanal, 19 de Febrero 2006)
P.S. Gracias a J. Marías por hacerme más llevaderas mis rupturas amistosas.

jueves, febrero 02, 2006

Hay que hacerle caso a Calvin (y a veces a Hobbes)

En Salamanca se está deshaciendo ya la nieve

Te tengo que dejar, un beso

M. me ha dicho por teléfono que ya son las diez y casi en ese momento ha sonado el timbre de abajo. “Te tengo que dejar, un beso”.
- Siempre me esperas en la puerta…
- Ya sabes que eres al único al que se lo concedo, y es para que me des a mí el primer beso y nadie más vea que es comisurero. Aunque hoy no hay nadie. Estamos tu y yo…lo prometido es deuda.
Ha traído una tableta de crunch de postre y vino. Vino frizzante que es el único que tolero (curioso teniendo en cuenta que mi única laguna etílica se debe a ese vino). “Esperaba otra cosa…”. Parece que se le ha roto la nevera, tiene tomates en sus calcetines preferidos, quizás tenga que desechar unos vaqueros, tiene unas ojeras hasta el suelo y duerme cien horas al día. Tiene cara de querer cambiar el curso de la tarde. Yo también. Pero en mi caso es el curso de mi vida. No, es broma, sólo de los últimos meses. Los dos sabemos que no va a ocurrir, pero me apetece esta cena de amigos que se han hecho de todo. Y que cada uno entienda lo que quiera.
Mientras ha durado no he pensado en nada, sólo en que tenía ganas de que llegase el momento de sentarme-tumbarme en el sofá, medio recostada sobre él. Y aquí estoy…pies en sus piernas con el ordenador como álbum de fotos. P. es o quiere ser o será fotógrafo. Lo será. Hará campañas de publicidad, pero de las buenas (espero, espero). No es nada fotogénico pero en persona tiene su aquel; más hace años, cuando sólo le miraba de lejos, no sabía nada de su vida y los dos intentábamos caernos bien o gustarnos o algo así, pero ahora me encanta su manera de trasmitirme su filosofía de vida…es como mi mentor-pecador. Qué gracioso suena pensarlo. Vemos Buenafuente porque Eva Hache no le gusta y mientras comentamos a veces se pierden sus manos en mi ombligo y me tapa con mi manta de siesta para que no me de cuenta que van a la deriva. Cómo si no nos conociésemos.
Se va. Se ha portado bien. Menos mal. Quizás no pueda pero a veces me muero de ganas de equivocarme, de darle un giro a mi vida, de cambiarla, aunque sea con un grave error, porque eso significaría que a lo mejor, dentro de un rato, puedo empezar de nuevo.

PS. Y casi a las cuatro me lleva un mensaje de J. Vaya noche, o no sé nunca nada de nadie, o se me agolpan en la cabeza. Y claro, me desperezo y lo intento leer (qué daño hace la luz de mi puto móvil…¡¡que son las cuatro!!); lo leo; sonrío; me gusta.
Me acabo de despertar. He soñado otra vez con J.

jueves, enero 26, 2006

La Playa


Hoy me he levantado con ganas incontenibles de besarle.
Y ni siquiera está aquí.
Será mejor ponerse a pensar en...la playa...

miércoles, enero 25, 2006

Echo de menos el verano

Es preciosa…(y puso su mano en el colchón para sentir su respiración húmeda y caliente). Su cara sólo refleja cansancio, y las ojeras tampoco ayudan…se le marcan mucho las ojeras en invierno…en verano está más guapa, tiene la piel tan morena y la cara relajada…qué bien le sienta tumbarse al sol, despertarse a mediodía, comer en el jardín, leer todas esas novelas que va anotando, con ojeras, durante el invierno, descansar en las terrazas hasta la madrugada…se ríe tanto, y ahora está tan triste…supongo que no es sólo el invierno, de cualquier manera. Es preciosa…
Es una pena que no pueda decirle todo esto –vuelve a pensar-. Si está triste o enfadada lo último que quiere es que le doren la píldora, aunque sólo diga lo que pienso, se lo toma como una vulgar adulación que ni siquiera la hace sentir algo mejor. Aunque aún no sé lo que espera de mí…a veces parece que quiere silencio y otras que hable de algo sin importancia…aunque eso, depende del día, la pone de peor humor aún –sonríe para sí-.


Si me hago la dormida seguro que me acabo durmiendo, y así evito enfadarme por algo que según están las cosas, no tiene sentido. ¿Se habrá dormido ya? No, seguro que no, cuando se va quedando dormido respira muy fuerte, qué gracioso, y luego se calma…¡¡o le dan esos espasmos que a veces asustan!!. Cómo echo de menos el verano, dormir sin toda esta ropa y sin los kilos de edredón que me tienen inmóvil…además estoy mucho más guapa…ahora soy como unas ojeras andantes. Mira, en eso él no se fija, siempre dice que estoy preciosa…¡¡cómo si yo no me mirase en el espejo!!. Supongo que lo dice para hacerme sentir mejor, a veces lo consigue aunque yo no logro exteriorizarlo debidamente…desde hace tiempo mi cabeza va por un lado y mis gestos por otro. Me muero de ganas por abrir los ojos, acercarme a él –ojalá esté dormido- y despertarle haciéndole el amor. Entonces sí me gusta que me diga que soy preciosa.

viernes, diciembre 16, 2005

Los Cabos Sueltos

Cuando J. vino y me dijo que le gustaba en el pasillo de la facultad no era un cabo suelto. Sólo tuve que sonreir...Al fin y al cabo con 17 años que vas a decir. Fue en el momento en el que le vi ya de espaldas cuando paso a ser mi primer y gran cabo suelto.
Los cabos sueltos hay que atarlos, cuanto antes mejor, o quemarlos o si se puede, olvidarlos en un plazo de, tirando por lo alto, un año. Y ya. Luego pasan a ser molestias. A los cabos sueltos siempre tienes ganas de besarlos, y de que te llamen más de lo que lo hacen, te inundan los deseos de por fin confesar que le correspondes (haya pasado el tiempo que haya pasado, entre él y tu habrá algo inevitablemente), a pesar de que tengas novio, de que en el fondo sepas que no tienes nada que ver con él, reconozcas en la intimidad que no os gustan las mismas cosas, e incluso que te joden los hábitos que tiene...lo más deseado es soltar esa charla que te das de vez en cuando a ti mismo cuando coges un autobús que tarda 5 horas en llegar, y por supuesto, ¡¡¡darle un beso!!!. Un beso. Tampoco es tanto si se piensa. Si a mi me viniese alguien diciendo que soy su asunto pendiente y que quiere darme un beso y olvidarse ya por fin de mi, yo se lo daría. Lo guardaría en secreto (mi novio es uno de esos) o, ahora, lo escribiría aquí.
Yo a J. nunca le he besado. Y he tenido muchas ganas. Y tengo muchas ganas. Pero sólo de eso. Me da por el culo tener que pensar en qué pensará él o si alguno se quedará enganchado; él no lo ha pensado nunca. J. es mi principal pecado. Peco con él o sin él en sueños, en los autobuses, las tardes de domingo, las mañanas frías, después de las discusiones con mi novio. La verdad es que soy infiel-gradoI. No sé si llegaré a atar ese cabo suelto...por ahora sólo quiero un beso y el olvido. No se puede decir que seamos amigos.

Después de muchos meses

Ya lo he hecho. No es una página tan currada como tienen otros, pero ya se verá cómo avanza. Mi idea es borrar mis límites, si en esta página todo vale, podré por fin confesarme y no ser ni perdonada ni castigada...mantengamos el anonimato. Aún así este BloG es también para L., por si algún día lo encuentra.